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Enriquecidos por Su Gracia | 1 Corintios 1:4–6


Estudio bíblico | 1 Corintios 1:4–6

Texto base: 1 Corintios 1:4–6

4 Siempre doy gracias a mi Dios por ustedes, por la gracia de Dios que les fue dada en Cristo Jesús. 5 Porque en todo ustedes fueron enriquecidos en Él, en toda palabra y en todo conocimiento, 6 así como el testimonio acerca de Cristo fue confirmado en ustedes.

Idea central

Dios no solamente nos llamó y nos apartó para Él, sino que también nos enriqueció por su gracia en Jesucristo, dándonos conocimiento, capacidades y dones para conocerlo, vivir conforme a su Palabra y servir a los demás.

Pregunta para reflexionar: Si todo lo que tenemos lo hemos recibido por gracia, ¿qué estamos haciendo con lo que Dios nos dio?


Introducción: Una iglesia llena de dones, pero necesitada de madurez

En los primeros dos versículos vimos cómo Pablo llama santos a los creyentes de Corinto, a pesar de sus muchos problemas.

Ahora, en los versículos 3–6, nos encontramos con algo interesante: Pablo comienza a darle gracias a Dios por ellos y por las riquezas espirituales que habían recibido.

¡Estamos hablando de la misma iglesia que tenía divisiones, inmoralidad y desorden!

¿Cómo puede una iglesia tener tanto conocimiento y tantos dones, pero a la vez tantos problemas?

Porque tener dones espirituales no significa necesariamente tener madurez espiritual.

Y aquí vemos algo importante: Pablo no está felicitando a los corintios por su conducta. Está reconociendo lo que Dios, por su gracia, había hecho en ellos.

Todo comienza con Dios: lo que Él hizo, lo que Él nos dio y lo que continúa haciendo en nosotros.

Todo comienza en Dios

1. Lo que Dios hizo

  • La gracia dada en Cristo Jesús (v. 4).

  • El testimonio de Cristo confirmado en ustedes (v. 6).

2. Lo que Dios da

  • Enriquecidos en toda palabra y conocimiento (v. 5).

  • Nada les falta en ningún don (v. 7).

3. Lo que Dios promete

  • Él los confirmará hasta el fin, irreprensibles (v. 8).

  • Llamados a la comunión con Su Hijo, y Él es fiel (v. 9).


1. La gracia: El fundamento de todo lo que recibimos

1 Corintios 1:4

4 Siempre doy gracias a mi Dios por ustedes, por la gracia de Dios que les fue dada en Cristo Jesús.

La palabra gracia viene del griego charis y nos habla del favor y los regalos que recibimos de Dios sin haberlos merecido.

En el versículo 3, Pablo desea gracia y paz a los creyentes. Luego, en el versículo 4, agradece la gracia que ya les fue dada en Jesucristo.

La gracia no significa que Dios ignore nuestro pecado, sino que nos ama, nos recibe en Cristo y nos transforma a pesar de que no lo merecemos.

Dos definiciones para entender gracia y misericordia

  • Gracia: Dios nos da lo que no merecemos.

  • Misericordia: Dios NO nos da lo que merecemos.

La gracia no solamente nos salva; también nos capacita

La gracia de Dios no es solamente el favor que recibimos al ser salvos. También es la ayuda que necesitamos para vivir conforme a su voluntad.

Por eso Pablo pudo decir: «Por la gracia de Dios soy lo que soy» (1 Corintios 15:10).

Y cuando reconocemos que todo proviene de Él, no tenemos razón para presumir.

Lo que somos y lo que tenemos es evidencia de su gracia, no motivo para nuestra gloria.

Efesios 2:8–10

8 Porque por gracia ustedes han sido salvados por medio de la fe, y esto no procede de ustedes, sino que es don de Dios; 9 no por obras, para que nadie se gloríe. 10 Porque somos hechura Suya, creados en Cristo Jesús para hacer buenas obras, las cuales Dios preparó de antemano para que anduviéramos en ellas.

No somos salvos por nuestras obras, sino por la obra de Jesucristo. Pero somos salvos para hacer buenas obras.

Antes estábamos muertos en nuestros pecados, pero Cristo nos dio vida nueva para vivir conforme a su voluntad.

Nuestras buenas obras son el fruto de lo que Él hizo y continúa haciendo en nosotros (Filipenses 2:12–13).

No obedecemos para ganar su gracia, sino porque su gracia nos ha transformado.

Tito 2:11–12

11 Porque la gracia de Dios se ha manifestado, trayendo salvación a todos los hombres, 12 enseñándonos, que negando la impiedad y los deseos mundanos, vivamos en este mundo sobria, justa y piadosamente.

La gracia de Dios no solamente nos salva, también nos enseña y nos capacita para vivir conforme a su voluntad.

Nos enseña a rechazar el pecado y a vivir en santidad, pero también nos da el poder para hacerlo.

Por eso Dios le dijo a Pablo: «Bástate mi gracia; porque mi poder se perfecciona en la debilidad».

No dependemos de nuestras propias fuerzas para cambiar. Su gracia nos empodera.

La misma gracia que nos salvó es la que nos sostiene, transforma y fortalece para obedecer.

El Espíritu Santo nos da poder para vivir conforme a la voluntad de Dios (Hechos 1:8).

Jesús prometió: «Recibirán poder cuando el Espíritu Santo venga sobre ustedes».

No estamos llamados a obedecer con nuestras propias fuerzas.

Dios mismo, por medio de su Espíritu, obra en nosotros.

Por eso Filipenses 2:13 nos enseña que Dios produce en nosotros tanto el querer como el hacer.

Es decir, Él transforma nuestros deseos y nos capacita para responder en obediencia.

No solamente nos dice cómo vivir; nos da el poder para hacerlo.

Piensa un momento y contesta

¿Qué evidencia de la gracia de Dios puedes reconocer en tu vida o en la vida de alguno de tus hermanos, aun cuando todavía hay cosas que necesitan cambiar?


2. Enriquecidos en Cristo: Lo que tenemos es para servir

1 Corintios 1:5

5 Porque en todo ustedes fueron enriquecidos en Él, en toda palabra y en todo conocimiento.

Tus dones no son tuyos, ni son para ti. Tus dones son de Dios y son para servir a los demás.

A. Nuestros dones son riquezas recibidas, no méritos ganados

Observa cómo Pablo dice: «Fueron enriquecidos».

No dice que se hicieron ricos espiritualmente por sus propios esfuerzos. Dice que fueron enriquecidos por alguien más: Dios.

Y mira dos palabras importantes: «en Él».

Todas estas riquezas espirituales llegan a nosotros por medio de nuestra relación con Jesucristo.

Por eso, nuestros dones y capacidades no deben convertirse en razones para sentirnos superiores a los demás.

Lo que Dios nos da por gracia debemos administrarlo para su gloria y el beneficio de otros.

La analogía del árbol y sus frutos

Piensa en un árbol de mango.

¿Para quién produce los mangos? ¿Para comérselos él mismo? ¡No! Otros disfrutan de sus frutos.

Pero hay algo más. El árbol tampoco vive de sus propios mangos. Necesita agua, luz y nutrientes para continuar creciendo y produciendo fruto.

Lo mismo sucede con nosotros:

  • Los frutos son para beneficiar a otros. Nuestros dones deben servir para edificar a nuestros hermanos (1 Pedro 4:10).

  • Los frutos no son nuestra fuente de vida. No debemos encontrar nuestra identidad en lo que producimos o logramos, sino en Cristo.

  • Para dar fruto necesitamos permanecer en Cristo. Jesús dijo: «Separados de mí nada podéis hacer» (Juan 15:5).

A veces estamos tan preocupados por producir más, servir más y hacer más cosas que terminamos descuidando nuestra propia comunión con Dios.

Antes de preocuparnos solamente por cuánto fruto estamos dando, debemos preguntarnos de quién nos estamos nutriendo.

Juan 15:4–5

Jesús hablando:

4 «Permanezcan en Mí, y Yo en ustedes. Como el sarmiento no puede dar fruto por sí mismo si no permanece en la vid, así tampoco ustedes si no permanecen en Mí.

5 Yo soy la vid, ustedes los sarmientos; el que permanece en Mí y Yo en él, ese da mucho fruto, porque separados de Mí nada pueden hacer».

B. Enriquecidos en toda palabra y conocimiento

Pablo menciona dos riquezas específicas:

  • Conocimiento (gnosis): La capacidad de comprender y reconocer las verdades de Dios y de su evangelio.

  • Palabra (logos): La capacidad de comunicar y expresar esas verdades.

Dios había enriquecido a los corintios en ambas cosas. Podían conocer la verdad y hablar acerca de ella.

Pero aquí encontramos un problema que Pablo confrontará más adelante.

Tener conocimiento no significa necesariamente tener madurez.

En 1 Corintios 8:1, Pablo advierte que el conocimiento puede producir orgullo cuando no está acompañado de amor. Y en el capítulo 13 explica que podemos tener grandes dones, pero sin amor no somos nada.

Podemos saber mucho de la Biblia y amar poco. Podemos enseñar correctamente y tratar mal a nuestros hermanos.

¿Qué provecho tiene conocer tanto acerca de Cristo si no estamos aprendiendo a vivir como Cristo?

El conocimiento que Dios nos da debe transformar nuestra manera de pensar, hablar y tratar a los demás.

Piensa un momento y contesta

¿Qué dones, conocimientos o capacidades te ha dado Dios? ¿Cómo los estás utilizando para beneficiar a otros y no solamente a ti mismo?


3. El evangelio: La verdad que necesitamos conocer y vivir

1 Corintios 1:5 | 1 Corintios 15:1–4

Pablo dice que los corintios fueron enriquecidos en conocimiento. Pero debemos preguntarnos: ¿conocimiento de qué?

Principalmente, del evangelio de Jesucristo.

Y aquí vale la pena recordar qué es el evangelio, porque muchas veces pensamos que es simplemente el mensaje que necesitamos para convertirnos y luego continuar con nuestra vida.

Pero el evangelio no solamente nos muestra cómo somos salvos. También nos enseña quién es Dios, quiénes somos, cómo debemos vivir y cuál es nuestra esperanza.

El evangelio en cinco partes

1. Creación — Dios nos creó con propósito.

Fuimos hechos a su imagen para conocerlo, reflejar su carácter y vivir en comunión con Él (Génesis 1:26–31).

2. Rebelión — Pecamos contra Dios.

El ser humano decidió desobedecer a su Creador. Todos hemos pecado y hemos fallado en vivir conforme a su voluntad (Génesis 3:1–7; Romanos 3:23).

3. Condenación — El pecado tiene consecuencias.

El pecado trajo muerte, separación y condenación. No podemos resolver este problema mediante nuestros propios esfuerzos (Romanos 5:12; 6:23).

4. Redención — Cristo vino a salvarnos.

Jesús murió por nuestros pecados y resucitó. Por medio de Él recibimos perdón, reconciliación y nueva vida (1 Corintios 15:3–4; Colosenses 2:13–14).

5. Restauración — Dios está haciendo nuevas todas las cosas.

En Cristo comenzamos una vida nueva y somos transformados progresivamente. Un día, cuando Él regrese, disfrutaremos plenamente de la restauración que ha prometido (2 Corintios 3:18; Apocalipsis 21:1–5).

¿Por qué debemos volver constantemente al evangelio?

Porque aunque conozcamos el evangelio, muchas veces vivimos como si lo hubiéramos olvidado.

Y eso era precisamente lo que sucedía en Corinto.

  • Los hermanos se dividían por sus líderes, y Pablo los llevaba nuevamente a Cristo y su cruz (1 Corintios 1:13).

  • Toleraban la inmoralidad, y Pablo les recordaba que Cristo, nuestra Pascua, fue sacrificado (1 Corintios 5:7).

  • Usaban su libertad sin considerar a otros, y Pablo les recordaba que Cristo también murió por ese hermano (1 Corintios 8:11).

El evangelio no es solamente el mensaje con el que comenzamos nuestra vida cristiana. Es la verdad a la que necesitamos regresar continuamente para aprender a vivir como Cristo.

En esto también se relaciona el renovar nuestra mente continuamente para no ser engañados por el enemigo, sino empoderados por Su Espíritu.

Romanos 1:16–17

16 Porque no me avergüenzo del evangelio, pues es el poder de Dios para la salvación de todo el que cree, del judío primeramente y también del griego.

17 Porque en el evangelio la justicia de Dios se revela por fe y para fe, como está escrito: Mas el justo por la fe vivirá.

El poder del Espíritu Santo no es solamente para hablar en lenguas, sino también para vivir como Cristo.

Cada vez que recordamos el evangelio y meditamos en lo que Jesús hizo por nosotros, recordamos que no estamos solos ni dependemos de nuestras propias fuerzas.

El mismo Espíritu que nos da poder para testificar (Hechos 1:8) también produce en nosotros amor, paciencia, bondad y dominio propio (Gálatas 5:22–23).

Nos capacita para servir con amor, vencer el egoísmo, perdonar y perseverar en medio de las dificultades.

Y aun en esos momentos de ansiedad, tristeza o depresión, cuando no tenemos fuerzas ni sabemos cómo orar, el Espíritu Santo nos acompaña y nos ayuda en nuestra debilidad (Romanos 8:26).

Créelo, vive conforme a esa verdad y aprende a reconocer su poder obrando en ti.


4. Confirmados en Cristo: El evangelio no debe quedarse en nuestra memoria

1 Corintios 1:4–6

4 Siempre doy gracias a mi Dios por ustedes, por la gracia de Dios que les fue dada en Cristo Jesús. 5 Porque en todo ustedes fueron enriquecidos en Él, en toda palabra y en todo conocimiento, 6 así como el testimonio acerca de Cristo fue confirmado en ustedes.

La palabra confirmado viene del griego bebaioō, que significa establecer, afirmar o hacer firme.

El testimonio acerca de Cristo se refiere al mensaje del evangelio que Pablo les había predicado.

Ese mensaje no se quedó solamente en palabras. Fue recibido y confirmado entre ellos por la obra de Dios.

A. El evangelio es más que información

Hay una diferencia entre conocer lo que dice el evangelio y experimentar cómo esa verdad transforma nuestra vida.

Por ejemplo, podemos saber que Dios nos ama. Pero cuando fallamos, nos sentimos culpables y pensamos que nos ha abandonado, huimos, nos escondemos, nos endurecemos, entonces: ¿realmente estamos confiando en ese amor?

Podemos saber que hemos sido perdonados. Pero ¿cómo estamos tratando a ese hermano que nos ofendió?

El conocimiento del evangelio debe producir una respuesta de fe, obediencia y transformación.

Esto no significa que seremos perfectos inmediatamente. Ya aprendimos que la santificación es una obra que Dios continúa haciendo en nosotros.

Pero la gracia que recibimos no nos deja indiferentes.

B. Dios confirma su obra y continúa trabajando en nosotros

Observa que el testimonio de Cristo «fue confirmado» en los corintios.

A pesar de sus problemas, Dios realmente había obrado en esa iglesia.

Y si seguimos leyendo hasta el versículo 8, encontraremos una promesa: Cristo también los confirmará hasta el fin.

Dios no solamente comenzó una buena obra. También es fiel para sostener a su pueblo.

Nuestra confianza no está en nuestra capacidad para mantenernos firmes por nuestras propias fuerzas, sino en la fidelidad de Jesucristo.

El Dios que nos enriqueció por su gracia es el mismo que continúa transformándonos y sosteniéndonos en Cristo.

Para profundizar: 1 Tesalonicenses 5:23–24; Filipenses 1:6; 2 Corintios 3:18.

Piensa un momento y contesta

¿Qué verdad del evangelio conocías desde hace tiempo, pero recientemente comenzaste a comprender o experimentar de una manera más profunda en tu vida?


Conclusión: Todo lo que tenemos viene de Él

Estos versículos nos recuerdan cuatro verdades importantes:

1. La gracia: Todo comienza con lo que Dios hizo por nosotros en Jesucristo.

2. Los dones: Dios nos ha enriquecido con capacidades y conocimientos que debemos utilizar para servir a otros.

3. El evangelio: No es solamente información que debemos aprender, sino la verdad que debe transformar nuestra manera de vivir.

4. La confirmación: Dios continúa obrando en nosotros y es fiel para sostenernos.

Por eso, en lugar de preguntarnos solamente cuánto sabemos, cuánto hacemos o cuántos dones tenemos, debemos preguntarnos:

¿Estamos utilizando lo que Dios nos dio para conocerlo más, amar mejor y servir fielmente a los demás?

Recordemos que ninguna de estas riquezas comenzó con nosotros. Todo lo recibimos por gracia.

Y si todo lo recibimos por gracia, no tenemos razón para presumir, pero sí muchas razones para agradecer y servir.

Versículo para recordar esta semana

1 Corintios 4:7

«¿Qué tienes que no hayas recibido?».

Una última preguntita: Si Dios nos ha enriquecido tanto por su gracia, ¿quiénes están siendo beneficiados por lo que hemos recibido?